Toma un papel y lápiz.Traza unas líneas con alguna leve intención caligráfica.
Seguro se esmera en ello.
Frunce el ceño. Borra. Arruga el papel. Lo lanza contra la muralla. Cae fuera del papelero.
Y re-escribe nuevamente algunos garabatos.
Repite el mismo acto un sin número de veces.
Al fin, este si!
Dobla el papel, con su, lo que sea que se halle en su interior, por la mitad y luego por la otra mitad.
Lo envuelve delicadamente en un pañuelo que guardaba en su camisa, algo perfumado.
Lo ata con una gran dedicación, para que ninguna palabra escape volando o caiga al suelo, muerta.
Agita su preciado empaque.
Se cubre los ojos con una tela opaca.
Y comienza a apartar al azar, de una en una, cada letra dormida.
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