Sunday, October 28, 2007

Postumamente recordado.


Como un recuerdo muerto en las páginas gastadas y amarillentas del libro que leía en su infancia.
Era su favorito.

Hace años que nadie lo abría.
Se llevaría una gran sorpresa al hojearlo, al ver que aquella flor, que usaba de marcador, aún conservaba su olor, ese olorsito como a primavera que evocaba a esas tardes de juegos en el jardín de su casa.
Adoraba recoger las flores que caían suavemente sobre el pasto, algo húmedo.

Lo cogió y limpió la capa de tierra que cubría su portada, no con ese suave y típico soplido que sale en las películas, sino como normal y ordinariamente la gente limpia sus pertenencias, con la manga del chaleco.

Vio nuevamente el dibujo en su portada y el título que casi no recordaba.
Hojeó rápidamente y con poca dedicación, como buscando algo en específico, hasta que descubrió la flor seca, aquella que aun tenía ese olor a horas de juego y le remembraba sus viejas memorias.
La acercó y deslizó sobre su rostro, suspirando tan hondo como podía.
Luego marcó la página en donde esta descansaba, hace algunos minutos. Cerró el libro y lo volvió a enterrar.

Será póstumamente recordado.

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