
Siempre que veía alguna discusión imaginaba estar en dicho problema, de cualquier forma que le atañera y decirle lo que pensaba gritando si fuera necesario.
- Cualquier cosa que me diga le digo unas cuantas a este tal por cual.
Pasaba varios minutos pensando que palabras le diría para herirlo o por lo menos para que no pudiera contestarle rápidamente, aunque la discusión real hubiera pasado hace rato ya.
Si veía una injusticia, si algo no le parecía.
Disfrutaba imaginarlo o por lo menos no le era desagradable.
Seguramente estaría preparado para responder ferozmente a quien le causara algún tipo de ofensa en la calle, micro, metro.
Creaba en su mente las discusiones más insólitas e inteligentes, seguro lo dejaría desconcertado a la primera frase a quien se atreviese.
- ¡Muévete oh!, el lado derecho es para ir lento.
- Disculpe.
Y volvía a imaginar las perspicaces respuestas de él hacia a lo que el apurado podría haberle dicho.